Hoy, 5 de junio de 2026, celebramos el Día Internacional del Medio Ambiente. Como el resto del año, hoy desarrollamos nuestra vida en la ciudad, al igual que la mayor parte de los habitantes del planeta, según los datos del Banco Mundial. Dicha institución afirma que el 57 % de la población reside en ciudades y pronostica que esta cifra se elevará hasta el 70 % en los próximos 25 años. En 2050 nos encontraremos ante una realidad en la que tres de cada cuatro habitantes del planeta residirán en ciudades.
La creciente urbanización es un fenómeno global que se manifiesta con mayor intensidad en los países de la OCDE, pero que también crece a tasas extraordinarias en otras regiones, como los estados africanos y asiáticos. Esta realidad innegable debe llevarnos a una reflexión obligada sobre el papel de las ciudades ante la emergencia climática.
El peso poblacional y, por ende, la huella ecológica de nuestras ciudades es extraordinariamente alta, pero también representa una oportunidad para proteger nuestro medio ambiente.
De las decisiones de desarrollo urbano que se adopten en el ámbito de la gobernanza global dependerá en gran medida nuestra capacidad para hacer frente a la emergencia climática. De cómo definamos el presente de nuestros pueblos y ciudades dependerá, en gran parte, el futuro de nuestras sociedades.
Se trata de una responsabilidad, desde el ámbito urbano, que es transversal y en la que están llamados a involucrarse el conjunto de áreas de gestión municipal. La gestión de los residuos, la producción de agua y energía, el cuidado de nuestras zonas verdes, la educación ambiental o la movilidad juegan un papel esencial en la construcción de ciudades más verdes, respetuosas y sostenibles. Pero, para hacer posible ciudades sostenibles y comprometidas con un futuro habitable, el urbanismo sostenible tiene un papel esencial.
El urbanismo sostenible nos permite definir cómo queremos que sea la vida de las personas que habiten las ciudades del mañana o aquellas urbes en transformación. Condicionará el acceso a una malla de movilidad urbana sostenible, a la prestación de servicios públicos de forma eficiente, a cómo el ciclo del agua interactúa en calles y plazas, y a cómo el aumento de la temperatura global afectará al día a día de sus habitantes, entre otros aspectos.
Pensar en el presente de las ciudades desde la responsabilidad hacia las generaciones futuras es pensar en urbanismo sostenible.

Pensar en urbanismo sostenible es reflexionar sobre cómo más de la mitad de la población mundial puede contribuir a mitigar el reto de la emergencia climática.
Pensar en urbanismo sostenible es apostar por ciudades que respeten la regla del 3-30-300, de modo que cada persona pueda ver al menos tres árboles desde su casa, tenga un 30 % de cobertura vegetal en su barrio y disponga de un parque de calidad a menos de 300 metros.
Pensar en urbanismo sostenible es concebir ciudades donde la movilidad sea una ventana de oportunidades para desarrollar proyectos de vida sin estar condicionados por el lugar de residencia ni comprometer la sostenibilidad.
Pensar en urbanismo sostenible es pensar en la salud de la ciudadanía, haciendo posible ciudades con menor exposición a la contaminación del aire y mayores oportunidades para la actividad física.
Pensar en urbanismo sostenible es también pensar en ciudades y pueblos más cohesionados, donde se reduzcan las brechas territoriales y se promueva una población en condiciones de igualdad y justicia social.
Pensar en urbanismo sostenible es imaginar urbes más felices, donde sus habitantes recuperen la calle, disfruten de la convivencia, abracen la naturaleza y donde la infancia pueda desarrollarse plenamente. Ciudades con una población con mejor salud mental, en las que hombres y mujeres, niñas y niños esbocen una sonrisa con la tranquilidad de un futuro justo para quienes están por venir.

En definitiva, avanzar hacia un modelo de ciudad más sostenible no es solo una opción, sino una necesidad urgente y compartida. El reto es enorme, pero también lo es la oportunidad de transformar nuestros entornos urbanos en espacios más habitables, resilientes y justos. Actuar hoy, desde lo local, con una visión global y de largo plazo, es el camino para garantizar que las ciudades sigan siendo lugares de vida, bienestar y esperanza para las generaciones presentes y futuras.
Agustín Cañete Carmona
Máster en Ciudad y Urbanismo y especialista universitario en Movilidad Inteligente (Smart-Mobility) e Infraestructuras Inteligentes (Smart-Cities).